El lugar, de claro origen glaciar, se extiende entre “praerías” bajo los altas cimas del Cordel, Iján, La Horcada, La Concilla y Monte Redondo.

Penetrar en la mitología cántabra es sumergirse en un mundo de hechizos. Cada valle cántabro parece estar habitado por seres mágicos; por cada bosque se mueven una variopinta serie de simpáticos personajes y si el medio natural es abrumador en todas las tierras cántabras, el patrimonio cultural posee un incalculable valor y está lleno de magia.

Uno de los valles más atractivos de Cantabria es el de Cabuérniga, por lo que a naturaleza se refiere, pero también porque es un espacio en el que sentir y vivir la tradición, no en vano han recibido de sus antepasados, y transmitido oralmente, las creencias de aquellas tribus cántabras antiguas. Los pobladores, desde tiempos remotos, buscaron respuestas a lo que no podían entender y la manera de enfrentarse a un medio físico tan natural, tan bello, pero tan hostil por lo abrupto, dieron pie a la aparición de encantadores personajes que lo habitan, hasta el punto que el viajero que se adentre en tierras de Cabuérniga, sentirá muy pronto el hechizo que lo acompaña y pensará que todo es posible allí.

Esbozando Cabuérniga

El valle está recorrido por el río Saja, que nace en el Collado de Sejos, en pleno parque natural de Saja-Besaya, Reserva de la Biosfera, donde se unen los arroyos de Guariza, Corba y del Diablo, génesis del río. El lugar, de claro origen glaciar, se extiende entre “praerías” bajo los altas cimas del Cordel, Iján, La Horcada, La Concilla y Monte Redondo. Además de su valor natural, este punto conserva los restos más antiguos de hábitat en la zona, varios menhires tumbados, algunos grabados, que formaron en su día un cromlech –círculo de piedra con función ritual–, y que están datados en plena Edad del Bronce, 2.500 años a.C.

Volviendo al valle, una carretera, paralela al río Saja, lo atraviesa. Curso y asfalto se unen por debajo del puerto de Palombera, en un lugar conocido como el “Pozo del Amo”, donde se pueden contemplar las aguas lanzándose sobre la piedra, produciendo en su descenso sucesivas y pequeñas cascadas. El valle acaba en Cabezón de la Sal, tras haber rebasado la hoz de Santa Lucía.

Son unos cuantos los pueblecitos de Cabuérniga, a cual más bello, con casonas antiguas montañesas y bonitas iglesias. Al bajar Palombera y, a medida que se va abriendo el espacio, aparecen otras vías de acceso a municipios retirados de la carretera principal y del río, como la que conduce hacia Correpoco, Los Tojos, Colsa y Bárcena la Mayor, una de las poblaciones más bellas del valle. Declarada Conjunto Histórico-Artístico, su núcleo luce casas de madera, con soportales de sillería, unidas unas a otras. La sierra bajo la que se asienta se denomina igual, Bárcena La Mayor, y a ella ascienden varios caminos antiguos, incluso uno que sigue el trazado de la calzada romana que utilizaron las legiones de Augusto para dominar a las rebeldes tribus cántabras, el mismo que después utilizaron los foramontanos, en la Reconquista, para volver a Castilla.

El medio físico

La naturaleza del valle y de los montes que lo cierran es abrumadora; su biodiversidad, asombrosa, con impresionantes masas forestales de hayas, acebos, cajigus, abedules… y un sotobosque capaz de dar bayas que buscan en temporada los osos de la zona. El Valle de Cabuérniga es también un magnífico lugar para escuchar la berrea; los sonidos de los cérvidos cuando se aparean son desgarradores y sublimes a la vez, siempre un auténtico grito de vida. Y ahora que sabemos que el paseo por bosques centenarios puede mejorar nuestra salud, es el momento de decir que las masas forestales de Cabuérniga son perfectas para esta práctica.

Se puede acceder al Valle de Cabuérniga por el Puerto de Palombera, por la CA-280, que sale de Espinilla, cerca de Reinosa. También se puede acceder desde Cabezón de la Sal, por la CA180, o desde Puentenansa, por la CA-182.

Cabuérniga

Si el basajaun, señor del bosque vasco, es un ser de naturaleza salvaje y primitiva, la anjana es un hada sutil, bella y refinada que realiza la misma tarea de protección del bosque. Estas anjanas de la tradición cántabra, parece que toman su nombre de las janas o brujas locales que, según se cuenta, eran capaces de entrar en contacto con ellas. Son seres benéficos, su voz es dulce y bella, su piel es muy blanca, sus cabellos son claros, se adornan con flores frescas, les gusta llevar cintas de colores que adornan sus vaporosos vestidos blancos cubiertos con una túnica azul, tienen en la frente una cruz roja, de la espalda le salen dos pequeñas alitas, en una mano lleva una varita en cuya punta brilla una estrella y, en la otra, un frasquito con un elixir milagroso que cura todas las enfermedades. Les gusta cantar y bailar y viven en pequeñas oquedades cuyas paredes y suelo están cubiertas de oro.

Fue en esta pequeña y aislada población cuando en junio de 1961 cuatro niñas afirmaron que se les apareció el arcángel San Miguel que les anunció que la Virgen se les aparecería más adelante, lo cual ocurrió el 2 de julio. Este es el inicio de uno de los episodios más sorprendentes de la historia actual en lo que se refiere a la aparición de fenómenos de índole paranormal y que se sucedieron hasta 1965. Durante este periodo, multitudes llegadas de toda España y del extranjero, fueron testigos de los éxtasis de las niñas y de fenómenos difícilmente explicables, que están profusamente documentados, como la ausencia de dolor de las niñas cuando eran pinchadas con agujas durante las visiones, las levitaciones u otros hechos igualmente insólitos como la extraña muerte de un sacerdote que también tuvo esas visiones. Hoy, esta aldea, situada en medio de un paisaje bellísimo, sigue siendo un lugar de peregrinación a pesar de que la Iglesia nunca dio carta de autenticidad a las supuestas apariciones tal vez, precisamente, por los extraños episodios que allí acaecieron y su compleja interpretación.

El visitante puede pasear por la cuesta en la que el ser celestial se les apareció o subir hasta el lugar donde tuvieron la visión de la Señora. A la vez, puede recordar que en este mismo entorno, hace mucho tiempo, las anjanas se mostraban a las gentes buenas que les pedían ayuda.