Según una leyenda gallega, los discípulos del apóstol Santiago fueron instruidos a construir un sepulcro en el pico, pero encontraron un dragón en una cueva que guardaba la entrada al infierno.
Es casi como un cuento, de manera que, si así fuera, empezaríamos diciendo que hay un monte en tierras gallegas que se eleva solitario en medio de un amplio paisaje, un monte cuya cumbre emite reflejos con el sol, la luna o los rayos. Tan especial es este monte que en tiempos antiguos los reyes suevos se situaban sobre “una roca de cristal”, en su cima, para ser coronados reyes, y tan mítico, tan mágico es, que guarda en sus entrañas largas cuevas, grandes pozos y salas donde, se dice, otrora habitaban mouros, incluso un dragón que envolvía en fuego a quienes se atrevían a subir por sus laderas.
También dicen que un día llegaron los discípulos del apóstol Santiago buscando unos bueyes, quienes habían sido engañados por la reina Lupa, y se encontraron de frente al dragón que guardaba la cueva. Con la cruz en la mano consiguieron vencerlo y, arrojando agua bendita por el monte, acabaron con los mouros –personajes encantados– y mouras –damas muy bellas también encantadas–, demonios, serpientes y otros seres que habitaban sus entrañas, además de amansar a los bueyes que por allí pastaban libres. Después descendieron del pico y, cuando le contaron a la reina lo ocurrido, se convirtió al cristianismo y ayudó a estos hombres a encontrar un lugar en el que enterrar el cuerpo de Santiago.
Pues sí, parece un cuento, pero es muy real. Pocos montes en Galicia están rodeados por tanta cantidad de enigmas y leyendas como el llamado Pico Sacro, situado a pocos kilómetros de Santiago de Compostela, entre los términos de Boqueixón y Vedra. Su solitaria cumbre es un histórico punto de referencia para los peregrinos que llegan por la Vía de la Plata, incluso para los que siguen el Camino Portugués, antigua calzada romana –la XIX del Itinerario de Antonino– que unía Braga (Bracara) y Astorga (Asturica) por Lugo (Lucus). Debemos dar cuenta de otra realidad que ha consolidado su milenario y mítico halo: su propia morfología, pues el monte está compuesto, en gran parte, por cuarzo a medio cristalizar, perfectamente visible en su cumbre.
Por si todo ello fuera poco, el Pico Sacro es el punto desde el que se divisan por primera vez las torres de la catedral de Santiago para los peregrinos que llegan por los caminos citados y, además, es un verdadero lugar mágico, porque llena de energía a quienes se detienen en su cima, guarda milenarias tradiciones, es un espacio protegido por su biodiversidad, un magnífico mirador sobre las tierras que baña el río Ulla y sus cuevas son la vivienda de numerosos seres mitológicos.
Mitos y leyendas
Todo lo que rodea al Pico Sacro es mítico y da igual que hablemos de la tradición de la “traslación del cuerpo del Santiago”, que hagamos referencia a la supuesta mina de oro que esconde en su interior, que se hace remontar hasta época romana, o que estemos afirmando que la propia montaña siempre se consideró sagrada, con mayor motivo desde la Alta Edad Media, cuando llegó a la zona una epidemia del llamado “fuego de San Antón o fuego sagrado”, en realidad un problema relacionado con un alcaloide que tiene el centeno. Los testimonios al respecto son numerosos, así como la invocación sanadora que se hacía al propio monte.
La leyenda jacobea
La sacralización cristiana del monte se originó con la llegada del cuerpo de Santiago a Iria (Padrón). Tal y como narra el ya citado Códice Calixtino y, como hemos esbozado al principio, al monte llegaron los discípulos de Santiago, tras hablar con la mítica reina Lupa, señora de estas tierras.
Probablemente no exista un personaje encantado tan conocido como esta “Raíña Lupa”. De hecho, su vivienda se sitúa en el llamado Castro Lupario, identificado con los restos de un castro que hay en la parroquia de Ribasar, pero también existe la tradición de que su casa está en el Pico Sacro, concretamente en la Cova do Pico, en el llamado Pazo da Raíña Lupa, donde vive como moura. Cerca del “pazo”, en el Pico Sacro, se encuentran dos lugares que tienen relación con ella: A Horta da Raíña Lupa y A Rúa da Raíña Lupa. Esta última es un impresionante callejón, excavado en la roca de la cumbre, que da acceso a la entrada de la cueva y que tiene su propia tradición, pues se dice que es el resultado de un golpe de espada del gigante que habitaba el pico en su lucha con otro gigante de la zona.

Numerosos escritos hablan de las visitas que diferentes personas, durante siglos, hicieron a la Cova do Pico, o Burato dos Mouros, que así se conoce también. Existe la creencia de que se trata de una mina artificial romana, pero el trabajo del Clube Espeleolóxico Maúxo de Vigo, tras una pormenorizada investigación, se inclina a creer que es una cavidad natural con tres entradas, de las que solo una es artificial, la inferior, llamada Contramina de Juan Antón. Según el citado club, la cavidad está formada por una serie de galerías que convergen en un pozo central, abriéndose la superior en el aljibe de la antigua fortaleza de Monsagro, que se construyó en 1473, por orden del arzobispo Alonso Fonseca, y de la que no quedan más que restos esparcidos o excavados en la roca en la cumbre del pico. El citado pozo salva unos 30 metros de desnivel, con pendientes muy verticales, que solo deben hacer especialistas y con cuerdas. En el fondo hay un montón de piedras, que han ido arrojando las gentes durante siglos, por costumbre o para evitar que salieran las serpientes y los mouros que lo habitan. Dicen por allí que la zona inferior se comunicaba por un túnel con el Pozo de San Xoán da Cova, a unos cinco kilómetros del Pico Sacro y al borde del río Ulla.
Volviendo a la cima, en el 911, el obispo Sisnando mandó edificar un monasterio benedictino bajo la advocación de San Sebastián, pero de aquel cenobio hoy no queda más que una ermita, de origen románico. Es probable que las condiciones de vida en el monasterio, por la falta de terreno productivo y por las frecuentes tormentas, no fueran las más idóneas, por lo que los monjes descendieron a San Lourenzo da Granxa, donde queda otra bella ermita.
Pico Sacro y San Sebastián
Cuenta la tradición del martirologio que este soldado romano fue martirizado y muerto en las persecuciones del emperador Diocleciano en el siglo III. Su imagen, atado a un árbol y con las flechas de su tormento clavadas por todo el cuerpo, es una de las más clásicas de la iconografía cristiana. Asimismo, solo en la península Ibérica, las ciudades y los pueblos que celebran la festividad de este santo son numerosísimas. Del mismo modo, no solo es venerado dentro del catolicismo, su veneración también es principal dentro del cristianismo ortodoxo.
Su fiesta se celebra el 20 de enero. Pero también fue un santo de especial culto para las órdenes caballerescas medievales y, en general, para todos los movimientos esotéricos y gnósticos cristianos que practicaban “el buen saber”, una mezcla de prácticas gnósticas y ceremoniales basadas en las religiones y cultos mistéricos, tanto egipcios, como griegos y romanos, tales como los ritos osiriacos, eleusinos o de Mitra, por poner unos ejemplos
Acudiendo a cualquier libro de astronomía, podemos reparar en que, en esa fecha, la constelación de Orión está en el punto más alto de la bóveda celeste. Es necesario recordar que al dios egipcio Osiris se le vinculaba con esta constelación, al igual que a su hermana-esposa Isis se la relacionaba con la estrella Sirio y que, en esas fechas, se celebraban en su templo de Abydos los ritos osiriacos más importantes: los de la resurrección.
Estos ritos egipcios que fueron transmitiéndose entre griegos, luego romanos y más tarde entre cristianos, se conservaron hasta la Edad Media y se celebraban, con una total discreción, entre miembros de cofradías, órdenes y grupos que seguían practicando estos cultos, aunque siempre ya con una fuerte impronta cristiana; sin embargo entraban de lleno en la heterodoxia y la herejía. El ejemplo de la Orden del Temple, acusada de herejía, es un ejemplo de cómo estas prácticas llegaron a ser conocidas y divulgadas a pesar de la discreción con la que se celebraban. En el caso del Temple se les acusó de adorar una cabeza–ídolo que llamaban baphomet – en realidad una palabra egipcia que aludía a la cabeza de Osiris que se conservaba en el mencionado templo egipcio de Abydos, y de prácticas heréticas como las de escupir en una cruz o besarse impúdicamente.
Estos grupos buscaban reunirse en lugares que, según sus tradiciones, poseían una “energía” particularmente benéfica que propiciase el éxito de la ceremonia o rito. Y uno de esos lugares sagrados, si no el más sagrado, era el Pico Sacro. Bien sabemos que órdenes como el mencionado Temple o los franciscanos mostraron una preferencia “espiritual” hacia el Carmelo, una preferencia sutil y discreta, pero evidente: si la masa de peregrinos iba camino a Jerusalén, aquellos que conocían “el buen saber”, que es así como se definía el conocimiento esotérico, preferían el Carmelo. ¿Ocurría lo mismo en el peregrinar compostelano? Sabemos que los peregrinos se dirigen en masa a Santiago de Compostela y pocos, muy pocos, tienen el tiempo o las ganas de acercarse a este Pico que posee tradición sagrada milenaria.
Desde aquí invitamos al lector a que lo visite: dragones, tesoros, cuevas, puertas a otros mundos o dimensiones, el patrón de heréticos San Sebastián… todo esto le está esperando en un lugar verdaderamente mágico

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