Enfrentarse a la luz, al color y a la inmensidad del Mediterráneo desde lugares como Cabo Tiñoso es un inmenso placer en estos tiempos.

Los tremendos acantilados, las bahías y ensenadas entre Cartagena y la Azohía, las diminutas calas, los arcos naturales, las cuevas… lo cierto es que estas zonas de la costa murciana mantienen un entorno natural magnífico, casi virgen, gracias a su complicada orografía. Sin embargo, eso mismo que a nosotros nos hechiza, la contemplación del mar y la costa desde lugares tan naturales, fue hasta hace relativamente poco causa de temor y de vigilancia constante, no en vano las invasiones y los ataques fueron llegando por mar.

Pero situémonos en el entorno natural antes de nada. La zona, para entender su naturalidad, está declarada Parque Regional –Sierra de la Muela, Cabo Tiñoso y Roldán–, además de zonas ZEPA y LIC (Zona de Especial Protección de Aves y Lugar de Interés Comunitario) y también de especial protección como reserva marina. Se trata de una serie de conjuntos montañosos, que se extienden junto a la costa, formados durante la orogénesis alpina y compuestos de rocas calizas, principalmente, aunque afloran otras, como las de origen volcánico. Tierra adentro se encuentra el llamado Cabezo Negro, protegido por su interés geológico, ya que es un volcán que entró en erupción hace casi tres millones de años.

Por lo que respecta a la zona submarina, la propia plataforma continental hace que emerjan islotes y rocas, fieles testigos de su irregularidad. Esta zona de costa, además, tiene varias curiosidades añadidas, entre ellas que el talud continental, que se extiende desde la plataforma a la llanura abisal, está surcado por cañones submarinos, estrechos valles de rocas con fuertes pendientes, que albergan poblaciones de esponjas y corales. La llanura abisal, que desciende en suaves pendientes desde el talud, llega a los dos mil seiscientos metros de profundidad. 

Si resulta un placer la contemplación del Mediterráneo desde la costa, no menos ocurre con los acantilados cuando se pasea en barca desde La Azohía hasta Cartagena, ofreciendo, además, la posibilidad de acceder cómodamente a lugares como Cala Abierta y Cala Cerrada, los Boletes y Cala Aguilar, a los que también se llega haciendo senderismo.

La cueva de Neptuno o de la Virgen

Una de estas calas esconde en sus proximidades un verdadero tesoro: la llamada cueva de Neptuno. Las referencias a personajes mitológicos, como puede ser el propio dios del mar, no deben extrañarnos. En la antigüedad estos eran sus dominios, pero es que la cueva de Neptuno posee una gran sala y un maravilloso lago interior, que añaden una magia especial, lo que también ha ayudado, ¡seguro!, a hacer de ella un lugar de culto.

Por si todo esto fuera poco, y puesto que a la cueva se puede acceder haciendo submarinismo, lo primero que ven los que llegan por mar es una curiosa imagen de la Virgen, hecha de azulejos, y eso ha dado pie a que lleve el doble nombre, de Neptuno o de la Virgen. La cueva nos remite a lugares sacralizados antiguamente y eso también nos ayuda a entender cómo el hombre ha cambiado los lugares sagrados según sus creencias. Así, nuestra cueva de Neptuno está sustituyendo el nombre y la mayor parte de la gente de la zona conoce la cueva como de “la Virgen”, aunque los mapas eviten que se pierda su nombre original.

Se puede acceder a su interior haciendo rapel desde la Cabezo de la Aguja, donde hay una sima que se creó como consecuencia de la disolución de la roca caliza. Hay empresas en la zona que se encargan de ello, como hay varias que dirigen a los visitantes haciendo submarinismo; son cuarenta metros de túnel, a una profundidad de doce metros y por un medio marino frágil y bello, con formaciones rocosas, estalagmitas, propias de la caliza imperante.

Otras tradiciones

Existen otros lugares muy interesantes que ver en el pequeño espacio que tratamos. Empezando por La Azohía, el pequeño pueblecito de pescadores que se asienta a los pies de la sierra de la Muela y en el que todavía se practica la milenaria “pesca en almadraba”. Sobre el pueblo se eleva la torre de Santa Elena, una curiosa edificación, de planta hexagonal y de finales del siglo XVI, construida para evitar el desembarco de corsarios berberiscos y para la protección de otras embarcaciones. Está declarada Bien de Interés Cultural. El lugar es un maravilloso mirador sobre el Mediterráneo y sobre la bahía de Mazarrrón.

Sobre moros y piratas hay en la zona numerosas tradiciones. Durante siglos, la amenaza de ataques por el mar estuvo muy presente. Eso, unido al hecho de que Cabo Tiñoso tiene una orografía que no facilita el asentamiento de pobladores, convirtió la zona en un verdadero reducto de control militar, tal y como demuestra el conjunto de “Castillitos” que se encuentra abandonado sobre la punta del Cabo, aunque consolidado en gran parte. Fue construido entre 1933 y 1936 para defender la base naval de Cartagena y se puede visitar.

Cómo llegar

Se accede a Cabo Tiñoso por la carretera E-22, que une Mazarrón y Cartagena. La Sierra de la Muela tiene zonas en las que se puede dejar el coche, pero alcanzar las calas o  Castillitos es solo posible en barco o a pie.