Valeria fue cabeza de un amplio territorio durante época romana, lo mismo que sede de un obispado en la etapa visigoda, pero los árabes acabaron con su hegemonía. 

Sugerente nombre el de esta pequeña hoz, que no llega a seis kilómetros de largo, y evocador el de la población conquense, Valeria, pues es el de una ciudad celtíbero-romana de la que una parte está excavada en la zona alta de los riscos de la propia hoz. Los parajes naturales, poco divulgados, conservan una biodiversidad importante y han sido causa de la protección, como zona ZEPA y LIC (Zona de Especial Protección de Aves y Lugar de Interés Comunitario). Sus principales valores se encuentran, precisamente, en las aves, en las formaciones calizas de Hoz del río Gritos la hoz, que tradicionalmente han sido zona de escalada –hoy regulada en época de nidificación–, en el pequeño barranco del Zahorras, que confluye con la hoz, en los páramos superiores y en las cavidades de las paredes rocosas.

Valeria

No solo el valor natural enorme, ya que el yacimiento de Valeria hace casi único al lugar. Es impresionante el emplazamiento de la ciudad celtíbero-romana, asomada a la bella hoz del río Gritos, y la verdad es que sigue escondiendo una historia remota y con un toque de misterio. Valeria nació como asentamiento de la tribu de los olkades, se levantó contra el imperio romano, primero durante las guerras celtíberas, a mediados del siglo II a.C., y después durante las sertorianas, en el año 77 a. C., siendo finalmente asimilada al imperio y tempranamente romanizada. El origen del nombre de Valeria, aunque no se sabe con exactitud, se supone que viene de un procónsul de la provincia Citerior, C. Valerio Flaco, quien debió obtener varios éxitos con respecto a la pacificación de Hispania entre los años 93 y 81 a.C.

El asentamiento celtíbero ocupó la zona conocida como Despeñaperros, la que se asoma a los verticales muros de la hoz, utilizando las propias cuevas de los riscos como vivienda, pero cuando la ciudad se hizo romana, se extendió entre las dos colinas del actual yacimiento. Para afianzar su romanización, la Valeria romana llegó a tener dos foros, uno de época de Augusto y otro levantado entre Tiberio y Claudio. Del primero se conocen los restos, pero es el segundo el que cuenta con una gran monumentalidad. Se han identificado edificios como la basílica, la curia, las tiendas…. Este foro fue elevado artificialmente para crear unas cisternas de agua que abastecieran la zona este de la ciudad y para nutrir el impresionante ninfeo que se puede ver en la zona oriental. De esa manera, en época romana, el visitante quedaría asombrado ante el tamaño de una gran fuente, una de las mayores que se conocen en el imperio, y que según algunos investigadores debe su monumentalidad al deseo romano de hacer de ella una especie de santuario que asimilara la divinidad indígena de las aguas.

La ciudad fue cabeza de un amplio territorio durante época romana, lo mismo que sede de un obispado en la etapa visigoda, pero los árabes acabaron con su hegemonía. La Valeria romana se abandonó poco a poco y sobre el cerro que coronan los restos se levantó una fortaleza medieval, de la que quedan lienzos, así como la ermita románica de Santa Catalina.

La Valeria actual, que se asienta junto al emplazamiento de la romana, también conserva puntos de interés, como la iglesia de Nuestra Señora de la Sey, de claros orígenes románicos y remodelaciones renacentistas y barrocas. Además, tiene otros edificios de interés, como el Ayuntamiento del siglo XVIII y la casa-palacio de los duques de Granada.

La hoz del río Gritos, que enlaza Valeria con Valera de Abajo –con la que forma el municipio de Las Valeras– dota de una gran singularidad a la zona, no solo porque las casas celtíberas se asomen al precipicio desde el yacimiento, o porque por ella discurrieran tramos de vías romanas, y de ahí el miliario existente, por el puente romano o las canteras que llevan explotándose desde época romana, por los restos de molinos, o por la maravillosa naturaleza de la hoz, sino también porque la abundancia de fuentes y cuevas, así como las batallas entre moros y cristianos, han dado pie a un patrimonio cultural que, afortunadamente, han preservado los habitantes, a pesar de la escasa repercusión que estas tierras han tenido en los grandes libros de tradiciones, y que se puede ver en las fiestas de moros y cristianos y en las numerosas leyendas de entonces.

Las leyendas

De aquellas batallas queda una leyenda que podría explicar el nombre de la hoz: dicen que el ejército cristiano, bien pertrechado, iba a atravesar la hoz y que de ello habían tenido noticia los moros, así que prepararon una emboscada desplegándose por el borde de los riscos, en la zona superior. Pero la casualidad fue a dar con un jefe sarraceno preso que contó todo el plan a los cristianos, quienes hicieron ver que iban, cuando en realidad se pusieron por detrás y los terminaron empujando al precipicio. De ahí los “gritos”.

Si hay un lugar que es necesario ver, en la hoz por su magia, es la llamada Fuente de la Higuera, bajo la Muela, cerca de Valera de Abajo. El lugar conserva el encanto de una curiosa tradición que cuenta que el día de San Juan estaba una mujer llenando el cántaro en la fuente, cuando apareció otra mujer de pelo largo, ojos soñadores y tiernos, vestida con una túnica, que le pidió un poco de agua. Amablemente la lugareña le ofreció su botijo y, después de beber, la extraña mujer agradeció la amabilidad y le dijo que pasaría cada día de San Juan por el lugar y que si necesitaba algo, no debía más que invocar la ayuda.

Un tiempo después, la mujer recordó el consejo y, estando su marido enfermo, pidió su sanación y le fue concedida. Volvió en San Juan a la fuente, encontró a la mujer y, tras agradecerle la curación, acordaron volver a reunirse todos los años en la misma fecha.

Cómo llegar

Valeria se encuentra al sur de Cuenca capital. La CM-2100 acompaña al río Gritos por la hoz en su camino entre Valeria y Valera de Abajo.